Llepu o balai es el nombre que recibe este cesto de origen mapuche, que se ocupa principalmente para aventar y limpiar los cereales.
La humedad del clima sureño ha impedido la conservación física de la cestería mapuche, sin embargo, sus rastros pueden seguirse a través de los relatos dejados por los primeros cronistas españoles y posteriormente por viajeros.
La cestería forma parte de la cultura tradicional que aún conservan las comunidades de la zona, cuyos habitantes aprovechan todas las materias primas que brindan la tierra y el mar para fabricar herramientas que alivian las tareas del campo. Los canastos y canastas -tejidos con fibras como el boqui, chupón, coirón, ñocha y pita- son típicos de esta zona y constituyen elementos básicos para las actividades cotidianas. En los bosques y orillas de caminos, hombres y mujeres recolectan las fibras que manos creadoras transforman después en canastos para recolección, canastas trigueras, "pilhuas" (bolsas) y artículos de decoración.